Los ‘Dreamers’ son personas, no peones

| Archbishop Bernard Hebda | March 8, 2018 | 0 Comments

Recordarán que cuando celebré la Misa del Miércoles de Ceniza del año pasado, un grupo de católicos desplegó una pancarta en la fachada de nuestra Catedral que decía: “Hablar por las vidas no nacidas más que las vidas negras y marrones es la supremacía blanca. El silencio es pecado. “Algunos de nuestros hermanos y hermanas ven a la Iglesia tan consumida por nuestros esfuerzos pro-vida y, por lo tanto,” más [n] atentos a la única cuestión del aborto “que cualquier otro esfuerzo palidece en comparación.

Avance rápido un año. Cuando la Arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis se unió a un “Día nacional de llamadas católicas en apoyo de los soñadores” organizado por la Conferencia de Obispos Católicos USA, escuché de un segmento igualmente apasionado de católicos: “¿Por qué no la misma idea? para terminar con el aborto? “ “¿Estamos diciendo que los inmigrantes ilegales son mucho más importantes que 60 millones de bebés muertos?”

Mientras algunos en nuestra arquidiócesis me han acusado de “asociarme con los Demócratas en sus proyectos preferidos”, otros han escrito para decirme que les preocupa “la deriva hacia la derecha de la jerarquía y cómo ha contribuido a la división dentro de ella nuestro país.”

Como se refleja en la amplitud de esas opiniones, nuestra Iglesia local diversa incluye católicos de todo el espectro político, con una amplia variedad de filosofías políticas, perspectivas y experiencias. Quienes prefieren que la Iglesia no aborde cuestiones políticas a menudo recurren erróneamente a la llamada “separación de iglesia y estado” consagrada en nuestro sistema político estadounidense. Leen mal nuestra Constitución como que requiere una división entre creencia personal y acción pública, o entre principios morales y elecciones políticas. En contraste, la intención de nuestros Padres Fundadores fue precisamente proteger el derecho de los creyentes y grupos religiosos a practicar su fe y actuar sobre sus valores en la vida pública.

El reciente Call-in Day organizado por la USCCB les pidió a los católicos actuar sobre sus valores al contactar a sus representantes en Washington para trabajar por una solución “justa y compasiva” para “Dreamers”, un grupo distinto de jóvenes que habían ingresado a este país como niños antes de 2007 sin la documentación necesaria, y que habían solicitado y se les habían otorgado ciertas protecciones bajo el programa federal de Acción Diferida para Llegados en la Infancia. Muchos de los Dreamers, sin culpa propia, habían sido traídos aquí como bebés o niños pequeños; Estados Unidos es, en consecuencia, el único hogar que conocen, y la perspectiva de la deportación a un país desconocido es devastadora. Tristemente, a pesar del apoyo generalizado a través de las líneas partidistas, durante demasiado tiempo han quedado atrapados en luchas internas partidistas que parecen verlos más fácilmente como peones en un juego de ajedrez político que como hermanos dotados con la dignidad que proviene de siendo creado a la imagen y semejanza de Dios.

Para aquellos de nosotros que hemos llegado a conocer a los Dreamers como amigos valiosos, colegas, compañeros de clase y feligreses, así como a aquellos que se guían por la enseñanza católica de la justicia, la dignidad y las aspiraciones legítimas de la persona humana, y la importancia de la vida familiar, el Día del Llamado fue una oportunidad bienvenida para alentar a nuestros legisladores a abordar un problema de urgencia. La iniciativa no identificó legisladores de ninguna parte y no exigió ningún curso de acción en particular.

Providencialmente, el Día de Llamadas coincidió con el primero de tres talleres “Capitol 101” presentados por la Conferencia Católica de Minnesota en el Capitolio Estatal para equipar a nuestros fieles laicos para participar en el proceso político. Dentro de la Iglesia, los laicos son llamados a “ayudar especialmente con su sabiduría cristiana” a modelar el orden temporal con el fin de promover el bien común y preparar el camino para el Evangelio. Estoy agradecido por el trabajo educativo de la Conferencia Católica de Minnesota y alenté la participación en los dos talleres restantes. Puede consultar mncatholic.org para más detalles. Todos nosotros compartimos la responsabilidad de esforzarnos por construir una comunidad justa en la que los débiles y vulnerables estén protegidos y se defiendan los derechos humanos y la dignidad. Oremos unos por otros al emprender este importante trabajo.

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