El nuevo Administrador Apostólico desea servir a esta Iglesia local

| Archbishop Bernard Hebda | June 16, 2015 | 0 Comments
Archbishop Bernard Hebda

Archbishop Bernard Hebda

Estimados hermanos y hermanas en Cristo,

Siento mucha humildad por la decisión del Papa Francisco de nombrarme a servir como administrador apostólico de la Arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis. Estoy agradecido por esta confianza y espero trabajar con el Obispo Auxiliar Andrew Cozzens y los líderes de la arquidiócesis. Ruego para que pueda ser capaz de brindarles un servicio a ustedes, a los sacerdotes y a los fieles de la arquidiócesis, mientras se preparan para el nombramiento de un nuevo arzobispo.

Recordando con cariño mis años como obispo en el norte de Michigan, donde por primera vez llegué a conocer la vitalidad de la fe compartida por los católicos del centro del país, tengo la esperanza de que, en las próximas semanas, haya oportunidades para conocer a muchos de ustedes. Consciente del desafío del Papa Francisco a los obispos a ser verdaderos pastores que caminan en medio de la multitud, hasta el punto de desarrollar “oídos abiertos para escuchar la voz de las ovejas confiadas a su cuidado,” mi intención es estar tan disponible como sea posible; mientras cumplo todavía con mis responsabilidades como arzobispo coadjutor de Newark. Así como la Iglesia Universal se prepara para embarcarse en el Año de la Misericordia; yo estoy deseando conocer esta iglesia local y experimentar, en un nuevo contexto, las formas maravillosas en las que el Señor trabaja a través de Su pueblo, para hacer sentir y conocer Su gracia y Su presencia curativa, incluso en los tiempos más difíciles.

Nuestro Dios amoroso encuentra con frecuencia formas para que recordemos que, incluso aquellos que ejercen el liderazgo en la Iglesia, lo hacen como obreros y no como el Maestro: la Iglesia no es nuestra sino de Cristo. Mientras que siempre es cierto que somos simplemente corresponsables en una viña que no es nuestra, el papel de un administrador apostólico es temporal. La ley de la Iglesia nos recuerda que un administrador no llega para hacer cambios, sino más bien para facilitar la continuación de las actividades comunes y esenciales de la Iglesia, mientras avanzan las iniciativas positivas que la Arquidiócesis ya está comprometida a hacer. Tengo la esperanza de poder ser fiel a esa visión, de manera que, cuando se nombre a un nuevo arzobispo, él  encuentre en esta iglesia local una comunidad de discípulos misioneros que está creciendo en su conocimiento del amor de Jesús y en su compromiso con el Evangelio.

Para que eso suceda, me doy cuenta que necesito de las oraciones y el apoyo de ustedes, los sacerdotes, los diáconos, religiosos y laicos de la Arquidiócesis. Por favor, en este periodo de transición, únase a mí pidiendo la intercesión de Nuestra Señora de la Misericordia. Que ella no solo busque las bendiciones de Dios para aquellos que se han entregado por completo al servicio de esta Iglesia local en el pasado, sino que también nos lleve cada vez más cerca al Corazón de su Hijo, para que podamos irradiar más perfectamente Su amor sanador en los días venideros.

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