Como creyentes, necesitamos ser alegres, sin miedo, una Iglesia perseverante

| Archbishop Bernard Hebda | March 31, 2016

A lo largo de estos días de Pascua, las lecturas de la Misa nos recuerdan la conexión entre ser Discípulos de Cristo y dar testimonio de su resurrección. Como María Magdalena, Simón Pedro, Juan el discípulo amado y Tomás, estamos llamados a anunciar que el Jesús que sufrió y murió en la cruz verdaderamente se levantó de entre los muertos. Es una historia que pone a prueba nuestra credulidad (¿cuántas personas sabemos que se han levantado de entre los muertos?). Y, sin embargo, sabemos que es cierto a causa del testimonio de esa primera generación de creyentes que vieron la tumba vacía, que fueron invitados a explorar las heridas en las manos y el costado de Cristo resucitado, o que compartieron una comida con él en la orilla del mar y lo vieron comer los pescados que había preparado. De generación en generación, el testimonio se ha transmitido cuidadosamente en la Iglesia – y hoy el privilegio de esa tarea nos corresponde a nosotros.

Como señaló el Beato Papa Pablo VI, vivimos en una época en que “se escucha con más alegría a los testigos que a los maestros.” Si vamos a llevar a otros al encuentro con el Cristo resucitado, es porque la forma en que vivimos da credibilidad a lo que proclamamos.

Si no somos una Iglesia alegre, una Iglesia sin miedo, una Iglesia perseverante, una Iglesia que se sacrifica a sí misma, ¿quién nos va a creer cuando hablamos de un Dios que se humilló a sí mismo al tomar la carne humana, que se despojó a sí mismo en la cruz, que lavó los pies de sus discípulos, y que pidió a su Padre en  la cruz que perdonara a los que lo perseguían?

Me siento muy honrado por la oportunidad que el Papa Francisco me ha dado para servir como pastor de este rebaño, ya que juntos nos esforzaremos para dar un testimonio más convincente de la presencia de Jesús en esta Iglesia local.

En los días transcurridos desde este anuncio, que providencialmente coincidió con el Triduo Sagrado, he estado dando gracias al Señor por las muchas maneras en las que he sido inspirado por sus testigos. Estuve en cuatro diferentes comunidades parroquiales durante el Triduo y todos oraron de una manera hermosa. Sus liturgias dieron evidencia de una preparación cuidadosa y parecía diseñado para formar en una familia de creyentes, unidos no sólo con los ahí presentes, sino también con nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo y de todas las edades.

Por otra parte, yo estaba asombrado por la alegría de las personas que tuve el privilegio de bautizar y confirmar en la Vigilia de Pascua, e impresionado por la devoción, la diversidad y el gran número de personas que llegaron a la Catedral de Saint Paul [en St. Paul] para experimentar la curación del Señor en el Sacramento de la Reconciliación. Me dio gusto escuchar acerca de las diversas actividades benéficas realizadas por nuestras parroquias, escuelas y grupos juveniles, que hicieron todo lo posible para ser la Verónica o el Simón de Cirene de hoy para un hermano o hermana en necesidad, reconociendo en ellos el sufrir de Cristo en su camino al Calvario.

Personalmente me siento animado por todas las expresiones de felicitación y bienvenida de los que supieron de mi nombramiento. Agradezco en particular sus promesas de oración, ya que sé que van a ser necesarias. Los desafíos que se nos presentan son reales y sustanciales, pero el Triduo y la Pascua nos enseñan que tenemos un Dios que es fiel a sus promesas y que lleva a cabo la victoria sobre la derrota. Si somos fieles a él en dar testimonio concreto de la resurrección de Jesús, estoy bastante seguro de que nuestro futuro puede parecer muy diferente de nuestro presente.

Prometo hacer mi mejor esfuerzo y espero que sus fortalezas compensen mis debilidades y viceversa. Por favor, manténganme en sus oraciones y estén seguros de que estarán en la mías también. Que Dios, que ahora comienza esta buena obra en nosotros, la lleve a su plenitud.

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Category: Solamente Jesus

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