Venid a las aguas

| Father Charles Lachowitzer | July 13, 2017

Father Charles Lachowitzer, vicar general and moderator of the curia for the Archdiocese of St. Paul and Minneapolis, stands with children cared for at the St. John Eudes Rehabilitation Center in Kitui, Kenya, June 8. Father Lachowitzer was part of a delegation from the archdiocese that traveled to the Diocese of Kitui as part of the continued partnership between the dioceses. Courtesy Father Charles Lachowitzer

“A todos los sedientos: venid a las aguas.” (Isaías 55:1)

Creo que no había estado tan consciente sobre el acto de abrir la llave del chorro y dejar salir el agua hasta que esté fría. En la “tierra de los 10,000 lagos,” la escasez de agua, rara vez me viene a la mente, pues he vivido muchas más inundaciones que sequías.

Sin embargo, el colaborativo entre la Arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis y la Diócesis de Kitui, Kenia se enfoca bastante en el agua. Como parte de la delegación de las Ciudades Gemelas a Kenya, este pasado mes de junio, me di cuenta que estaba hiper consciente sobre mi propio uso del agua y me sentí inmerso dentro de todos los problemas que rodean el tema de la escasez de agua.

Vi a cientos de personas cargando jarros de agua a lo largo de los caminos y las carreteras. Algunos de ellos caminaban millas de millas. En los pueblos que están a distancia de la ciudad principal, los cultivos estaban secos por la falta de agua. Esto forzaba a los habitantes a ir a los mercados de la ciudad, aumentando la demanda de alimentos y haciendo que los precios de la comida subieran, complicando aun más los efectos de la sequia que estaba ocurriendo. Y en algunos casos, la pobreza aun hace que las familias abandonen a los miembros mas pequeños y mas débiles.

De todos modos estos niños que se quedan en la calle no están sin esperanza alguna. El Centro de Rehabilitación San Juan Eudes, ha sido posible por nuestro trabajo colaborativo. En el Centro lo más que se puede se rescata a los niños vulnerables y se les proporciona un hogar seguro. Como me contó uno de los dedicados miembros del personal, “Salvamos a los niños de la pesadilla de las calles y les devolvemos sus sueños.” Me di cuenta con una oración de gratitud a Dios, que si no fuere por la iglesia Católica, no habría nadie que rescatara a estos niños.

Es común que los visitantes de los países en desarrollo con sus buenas intensiones quisieran mejorar todo y hacerles la vida más fácil. Sin embargo, me sentí desesperanzado, por no poder hacer que lloviera y por no poder resolver las necesidades materiales de la Diócesis de Kitui. Pero esta gente buena no me pidió nada de esas cosas que ellos sabían que están más allá de mi control. Pero lo que ellos si me pidieron fue que rezara por ellos y que regresara.

Desde que llegué a Minnesota, he pensado, reflexionado y rezado mucho por esa vivencia. Aprendí de la gente de Kitu que hay dicha en la fe de la perseverancia sobre la pobreza que nunca he padecido y sobre los retos que nunca he tenido ante mi. Aprendí sobre su aceptación de lo que para mi parecían ser retos insuperables, que cuando practico la paciencia haciendo cola en las filas largas del supermercado, tengo apenas una comprensión trivial de lo que es en realidad tener paciencia de verdad.

Escuché durante una reunión de familias que reflexionaban sobre el Evangelio, que la misericordia de Jesucristo no es mi posesión personal, pero que es algo que se debe compartir generosamente.  Presencié en las vidas de mucha gente la confianza en la providencia de Dios, que llena los corazones con los tesoros de los cielos, sin importar si somos ricos o si somos pobres.  Viví la experiencia de la gente que es rica ante los ojos de Dios.

Concelebré la Misa del Domingo en la Catedral de Nuestra Señora de África en Kitui y estaba encantado y tan maravillado que todos, tanto la gente mayor como los jóvenes, cantaban, bailaban y daban las ofrendas.

En comparación con la gente buena de Kitui, son un billonario con acceso a más agua de la que podría necesitar.

No obstante la pobreza y las injusticias sociales, la gente de Kitui es billonaria en espiritualidad.  Las aguas del bautismo rebalsan de su generosidad y de la dicha en sus corazones con la abundancia de la gracia.

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios el alma mía.” (Salmo 42:2)

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Category: Solamente Jesus

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