Suicidio médicamente asistido parte de ‘una cultura del descarte’

Fue un golpe terrible el saber que la razón detrás de la caída del avión de pasajeros de la aerolínea Germanwings Airbus A320 el 30 de marzo del 2015 en el sureste de los Alpes franceses, pudo haber sido la decisión intencional del copiloto para matarse él y también a los 149 pasajeros. Ha habido mucha especulación sobre el estado psicológico de Andreas Lubitz que lo motivó a hacer lo que hizo. Desafortunadamente, siempre hay un efecto dominó cuando una persona se quita su propia vida. Muchos no son tan dramáticos como en este hecho, sin embargo, esas repercusiones son igualmente reales.

Es por eso que quiero llamar su atención sobre el  proyecto de ley Archivo 1880, presentado en el Senado de Minnesota el mes pasado, que legalizaría el suicidio asistido. Las audiencias aún tienen que ser programadas, pero seguramente las fuerzas detrás de este presionarán para que sea aceptado. Es importante, entonces, que nosotros que apreciamos el don de la vida, rechacemos esta iniciativa.

Es seguro que la vida de las personas mayores, de los enfermos graves y de cada persona con discapacidad pueda verse amenazadas si este proyecto se convierte en ley. Las personas que están deprimidas pueden estar convencidas de que esta es una salida fácil, en lugar de utilizar tratamientos médicos y de salud mental a largo plazo. Las compañías de seguros también pueden encontrar barato este “arreglo”, en lugar de proporcionar cuidados de hospicio prolongado. Los herederos ansiosos por la herencia o cuidadores abusadores de una persona, bien podrían ejercer presión sobre el paciente, convenciéndolo de que quitarse su propia vida. En el estado de Oregon, donde legalmente se ha tenido el suicidio médicamente asistido por varios años, el 40 por ciento de las víctimas expresaron su preocupación acerca de ser una “carga” para la familia y los amigos. En realidad, el suicidio asistido no resuelve este problema; más bien elimina a la persona al hacernos saber que la persona es el problema. El Papa Francisco se refiere con frecuencia a “nuestro cultura del descarte” y el suicidio asistido es ciertamente una buena indicación de eso.

Los defensores de este proyecto de ley, afirman que el suicidio asistido alivia el sufrimiento y el dolor. Pero el sufrimiento y el dolor se pueden controlar permitiéndoles a las personas a vivir sus últimos días o meses con comodidad, con el cuidado compasivo de los asistentes médicos, familiares y amigos, así como grupos de la Iglesia. Los cuidados paliativos de calidad pueden y deben proporcionar tanto atención médica como apoyo emocional. Esto, y no el suicidio asistido, es la forma más digna de morir.

Los autores del proyecto de ley, Archivo 1880 del Senado, son los Senadores Eaton, Pappas, Dibble y Marty. Animo a nuestros lectores a ponerse en contacto con estos legisladores y compartir su convicción de que toda vida humana tiene valor y debe de ser protegida.

¡Dios los ama!

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Category: Solamente Jesus

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