Para seguir adelante, den una segunda mirada con ojos de fe

| July 16, 2015 | 0 Comments

Permítanme compartir con ustedes una historia.

Había una vez un hombre caminando rápidamente por una calle llena de gente. Cuanto la gente más lo empujaba fuera de su camino, él a su vez los empujaba fuera del suyo. Fue a principios de invierno, con mucho viento y un frío que helaba. El echó un vistazo a una familia que estaba al lado del camino. Rápidamente formó una primera impresión negativa de esta familia. Ya estresado y enojado con la multitud que se movía lentamente. Él los culpó por ser pobres y criticó a los padres por someter a sus hijos pequeños a un clima tan frío. No pasó mucho para que él los viera como un ejemplo de todo lo que está mal con el mundo.

Un momento después, se tropezó — un tropiezo que arrojó al hombre en los brazos del marido y la mujer. Su preocupación inmediata fue por ver si él se había hecho daño y por su salud. El vio la compasión de ellos y en ese momento su corazón cambió. Sus ojos se abrieron para conocer a José, María y el Niño Jesús — un ejemplo perfecto de todo lo que está bien con el mundo.

Comparto esto para recordarnos que nuestras primeras impresiones son a menudo imperfectas y demasiado-humanas. Es en esa primer mirada en la cual, nos odiamos a nosotros mismos u a otros, o sólo vemos el bote sobrecargado de basura mientras vacacionamos en un parque nacional. Sin embargo, los seres humanos están singularmente dotados con la capacidad de dar una segunda mirada. Los ojos de la fe mueven el corazón al amor; y la esperanza florece hacia una visión espiritual de uno mismo y de los demás y de la belleza providencial del mundo que nos rodea.

Para ser diabólicos, tenemos que deshumanizarnos — ya sea que encontremos la culpa o los culpables de los males del mundo en las personas, empresas, gobiernos o religiones. Nada nos da la razón para quitar a otro hijo de Dios de su bondad y de su dignidad.

Todos estamos creados a imagen y semejanza de Dios. Mirarnos a nosotros mismos o a cualquier otra persona como algo menos, es darle al  pecado demasiado poder y negar la cruz de Jesucristo, que estamos llamados a llevar a cuestas como sus discípulos.

Para los católicos en la Arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis y para los ciudadanos de las comunidades locales, el remolino de reacciones, opiniones y juicios sobre éste terrible capítulo de los abusos sexuales del clero, son comprensibles. Comparto el dolor, la tristeza, la decepción, la ira y la angustia.

También comparto la carga de llevar nuestra Iglesia hacia adelante a través de la tragedia de este Viernes Santo a la alegría de una nueva Pascua. El Santo Padre, el Papa Francisco, nos llama a ser testigos gozosos del Evangelio de Jesucristo. Esto significa dar un segundo vistazo de todas las personas involucradas en el liderazgo de la Iglesia, particularmente en esta arquidiócesis.

Es una cuestión de juicio crítico y de opinión con respecto a los acontecimientos del pasado. Es una obligación moral de todos los miembros de la Iglesia a ser parte de la solución para avanzar hacia el futuro. Es nuestro testimonio del Evangelio que profesamos. Es la diferencia entre llevar las personas  a Jesucristo o alejarlas de Él.

Con el dolor de la conciencia — por la gracia de Dios — viene la sabiduría hacia el juicio correcto. Aquí, el asunto no es el juicio, sino las conclusiones que creemos y las decisiones que tomamos las que demuestran si estamos dando esa segunda mirada a través de los ojos de la fe. Es la primer mirada-demasiada humana en la cual tomamos los hilos de la verdad, y los tejemos creando un tapiz de fantasía, con el único beneficio de hacer parecer al ser humano, diabólico.

Los invito a que oremos juntos, por una visión que sea a través de los ojos de la fe. Trabajemos juntos para que nuestra Iglesia pueda ser un instrumento de sanación y reconciliación — construyéndola unos con otros en vez de derrumbarla. Demos esa segunda mirada con las virtudes de la caridad y la esperanza. La Iglesia nos llama a hacer santos, no demonios.

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Category: Solamente Jesus