Muerte, ¿dónde está tu punzada?

| Bishop Andrew Cozzens | May 4, 2017

¿Han ustedes tratado alguna vez de decir en una frase la razón por la que ustedes son Cristianos?  ¿En qué creen y por qué creen? Yo ahora lo intento: Soy Cristiano porque el propio hijo de Dios me ha liberado de la muerte.

La Resurrección nos muestra que nuestra fe se basa en un hecho histórico: Jesucristo murió, pero a los tres días, este hombre que había fallecido salió de la tumba y por medio de los Sacramentos de su Iglesia, él nos ofrece a usted y a mi el mismo regalo.

Yo siempre digo, cuando me entierren, entiérrenme con los pies hacia el este, porque espero levantarme y saludar al Señor Resucitado cuando él venga de nuevo.  Jesucristo ha conquistado a nuestra gran enemiga, la muerte.  Su amor, el amor de Dios es más fuerte que la propia muerte. Como se nos proclama poderosamente en Corintios 1. Oh muerte ¿donde está tu poder? ¿Muerte dónde esta tu punzada?” Yo soy Cristiano porque Jesucristo es mi única esperanza para ser liberado de la muerte.

Si ustedes piensan en la mayoría de la gente — aún nosotros los Cristianos — frecuentemente vivimos con miedo a morir.  Todo aquel que ha perdido a un ser querido conoce a profundidad el dolor de la muerte.  El dolor llena esos momentos con un vacío que nada puede llenarse, porque nada puede traernos a ese ser querido de vuelta con nosotros.  Nosotros a veces tratamos de consolarnos a nosotros mismos con ideas vanas como: “ella vivirá en mi corazón” o “el hizo del mundo un mejor lugar,” pero nada de esto nos los devuelve.

También, si somos honestos con nosotros mismos, podemos admitir que pasamos mucha parte de nuestra vida buscando aislarnos de nuestra propia muerte.  Tratamos de crear entornos seguros y cómodos. Nos aferramos a las cosas buenas de esta vida —la gente, los lugares, las cosas — todo porque tenemos miedo del vacío que llena nuestros corazones sin ellas.  Tenemos miedo de perder las cosas buenas de la vida; tenemos miedo de la muerte.

Todos nuestros esfuerzos son frecuentemente un intento sutil de aplacar esos miedos y vivir con la ilusión de que así mantenemos a la muerte a la deriva, tenemos todo bajo nuestro control. Sin embargo en lo más profundo de nosotros mismos, sabemos que en cualquier momento podemos perderlo todo.  Sabemos que todo en este mundo es frágil. Y entonces muy dentro de nosotros mismos, vivimos con el miedo de esa naturaleza frágil de la vida humana. Esta realidad es la que lleva a muchos de los filósofos ateos en nuestro mundo a decir que este mundo al final de cuentas no tiene significado, y que todo nuestro esfuerzo por el éxito y la felicidad “es vanidad de vanidades” (Eclesiástico Capítulo1 Versículo 2).

Esto es precisamente por lo que el Señor Jesús vino a liberarnos. “Y porque todos esos hijos comparten una misma naturaleza de carne y sangre. Jesús también tuvo que hacerse, como ellos, carne y sangre. Así pudo por su propia muerte quitarle su poder al que reinaba por medio de la muerte, el Diablo. Y liberó a los hombres que toda su vida permanecían paralizados por el miedo a la muerte.” (Carta a los Hebreos Capítulo 2 Versículos del 14 al 15).

Cuando tenemos miedo de la muerte, nosotros somos esclavos de las cosas de este mundo y del príncipe de este mundo.  Cuando tenemos miedo de la muerte, tenemos que esforzarnos por encontrar todos nuestros éxitos y realizaciones en esta vida. Jesucristo vino a liberarnos de esta esclavitud.  Él vino a darnos libertad a nosotros los siervos de Dios, a quienes creen que vivirán para siempre.

Cuando vivimos en la libertad de los siervos de Dios, no necesitamos controlar todas las variantes de esta vida.  Él es quien las controla. Hay justicia verdadera, hay paz verdadera y hay regocijo verdadero.  Es la el regalos, que recibimos cuando aceptamos que Jesús conquistó nuestra muerte y nos liberó para vivir en su amor para siempre.  Él nos libera no para vivir por nosotros mismos, ni como esclavos del temor a la muere, sino por él.

Como lo dijo San Pablo, “Él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan para si mismos sino para él, que por ellos murió y resucitó.” (Carta a los Corintios Capítulo 5 Versículo 15). Esta es la libertad en la que los santos vivieron.  Esto es por lo cual ellos pudieron dar de si mismos con regocijo. Ellos no tienen que vivir en el temor, ya que Cristo ha conquistado la muerte. Ellos tuvieron aún la libertad de hacer el sacrificio final del martirio porque sabían que la muerte no tenía poder sobre ellos.

La vida no es absurda, el regocijo verdadero no es frágil, la muerte ha perdido su punzada, y ustedes pueden experimentar la libertad y el regocijo de los siervos de Dios hoy, mientras ustedes acepten más vivir el regalo de la gracia de la vida en Jesucristo.

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Category: Solamente Jesus

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