Ministerio del diaconado, una dimensión especial de la iglesia

| April 23, 2015

NienstedtBlTengo el gran placer de dar la bienvenida a la Asociación Nacional de Directores del Diaconado (NAAD) a ésta Arquidiócesis para su convención anual que se llevará a cabo desde el martes 21 hasta el viernes 24 de abril. En su agenda para esta reunión se encuentran los preparativos para su Congreso 2018, donde celebrarán el 50 aniversario del establecimiento del diaconado permanente en los Estados Unidos de América.

En el sexto capítulo de los Hechos de los Apóstoles (leído en la Misa el sábado pasado), nos encontramos con la Iglesia primitiva que se enfrentó a un desacuerdo en la comunidad y que fue más allá de las fronteras culturales, lingüísticas y posiblemente teológicas. Las viudas helenistas de habla griega, en oposición a los miembros hebreos que hablaban arameo, no eran bien atendidas “en la distribución diaria de los alimentos.” (v. 1) Los apóstoles reunieron a la comunidad y decidieron que seleccionarían a siete hombres de entre ellos que fueran “profundamente espirituales y prudentes”   (v. 3), sobre los cuales los apóstoles oraron primero y luego impusieron las manos sobre ellos (v. 6), estableciendo así diferencias especiales de servicio. Más tarde en el libro de Hechos, ellos se encuentran enseñando (6:10), predicando y haciendo milagros (8: 5-6), y bautizando (8: 36-38). En la liturgia de San Justino, los diáconos sirven la Sagrada Eucaristía a los asistentes y también llevan la Sagrada Comunión a los que están ausentes. San Pablo en su discurso a los Filipenses enumera explícitamente a los diáconos en la jerarquía de esa Iglesia local. La Tradición confirma su triple función al servicio del altar, al servicio de la Palabra y el servicio en las obras de caridad.

Históricamente, las Iglesias Orientales conservan el diaconado como grado permanente y rango independiente entre el clero parroquial e incluso en los monasterios; mientras que en las Iglesias Latinas, el diaconado eventualmente se limitó solamente a aquellos hombres que iban hacia el sacerdocio y requerían observar el celibato.

El Concilio de Trento discutió el hecho de una restauración permanente del diaconado y llamó a tal restauración “ práctica de la Iglesia primitiva,” pero no fue implementada hasta el Concilio Vaticano II, donde abordaron nuevamente el asunto.

En la Constitución dogmática sobre la Iglesia (párr. 29), los Padres del Concilio reafirmaron el papel del diácono de servir al pueblo de Dios en unión con el obispo y sus sacerdotes, con los triples dones anteriormente mencionados. El Consejo también aumentó las funciones litúrgicas del Diácono para ayudar a bendecir los matrimonios, presidir el culto y la oración de los fieles, administrar los sacramentales y realizar ritos funerarios.

Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, durante la ordenación de un diácono, es sólo el obispo el que impone las manos sobre el candidato, “significando la obediencia especial del diácono al obispo en las tareas de su diaconía”. Por su ordenación, el diácono recibe un carácter sacramental especial o huella en su alma, configurándolo con Cristo, “quien vino a servir, no a ser servido”. (Mc 10,45).

La imposición de las manos puede ser conferida a los candidatos casados o célibes, enriqueciendo así la misión de la Iglesia, con sus diversos antecedentes y experiencias. Con referencia a un diácono casado, su cónyuge y sus hijos se convierten en una fuente especial de apoyo y respaldo para él.

Por último, la presencia de los diáconos en la Iglesia, nos recuerdan a todos nosotros que la diaconía no es sólo una de las muchas dimensiones de la Iglesia, sino, una dimensión esencial de ella. La Iglesia no existe por su propio bien, sino por el bien de los demás y del mundo. En su núcleo, la Iglesia es una Iglesia de servicio.

Esta Iglesia local ha sido-grandemente bendecida con la presencia y el ministerio de nuestros diáconos permanentes. Les damos la bienvenida a las Ciudades Gemelas a ellos, a sus hermanos de todo el país, así como a sus esposas y miembros de su familia. Su encuentro nacional puede ser un tiempo de renovación y revitalización para ellos, así como una oportunidad para profundizar en la apreciación de toda la Iglesia por el importante papel que ellos tienen.

¡Dios los bendiga!

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Category: Solamente Jesus

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