La simple verdad de la Navidad

| Bishop Andrew Cozzens | December 22, 2016 | 0 Comments

Cuando uno entra en la Iglesia de la Natividad en Belén, uno tiene que agacharse porque la puerta es más pequeña que una puerta normal. Fue diseñada de esa manera para evitar que la gente llevara sus camellos a la Iglesia. Esta Iglesia ha estado continuamente en uso durante más de 1,700 años y eso se nota.

El suelo de piedra está desgastado, plano por los millones de turistas que la visitan. Las paredes y los mosaicos están oscurecidos por las velas que se han quemado en todos estos años. La Iglesia a menudo está ocupada, sucia y ruidosa por los turistas, se podría decir que es un lugar muy humano, pero ese no es el punto de la Navidad.

Debajo del altar principal de la Iglesia, hay una escalera que conduce a una cueva. Una cueva que un día, hace 2000 años, sirvió como establo para los animales.  En esa cueva hay un pequeño altar y, debajo de ese altar, hay un círculo que parece una estrella. Escrito en ese círculo están las palabras “Hic Jesus Christus natus est” (Aquí nació Jesucristo). Lo que me impresionó cuando vi ese círculo, no fue el hecho de que Jesús nació en ese punto exacto. El lugar exacto es bastante accidental. Lo que me impresionó fue que la encarnación es tan real, el amor de Dios por nosotros es tan real, que usted podría dibujar un círculo en el suelo y decir: Dios nació aquí.

Muy a menudo nos relacionamos con la Navidad como nos relacionamos con un cuento de hadas. Es como tomarse un tiempo fuera de la realidad. Elegimos dejar nuestros resentimientos detrás durante unos días y ser amables y nos gusta ese sentimiento cálido que experimentamos. Pero la Navidad es exactamente lo contrario a un cuento de hadas. Dios tomó forma humana para que pudiéramos saber que es real. Esto significa que nuestro Dios no es un Dios lejano. Nuestro Dios no está lejos de nuestra realidad cotidianas. Más bien nuestro Dios nos amó tanto que entró en el obscuro alboroto de nuestra realidad cotidiana.

Esta es la diferencia fundamental entre el cristianismo y las demás religiones. Todas las religiones son una expresión del deseo natural de los corazones humanos por Dios. Pero hay un punto esencial sobre el cual el cristianismo difiere de todas las demás religiones. Un punto que casi siempre ha sido un escándalo para otras religiones. Todas las religiones son expresiones de los seres humanos anhelando lo trascendente, lo mundano, pero el cristianismo es la única religión en la que Dios anhela por nosotros lo suficiente, como para entrar en nuestro mundo e incluso sufrir las peores consecuencias para darnos una participación en su vida divina.

En Jesucristo, Dios se acerca a nosotros. Él viene a hablar con nosotros, a tocarnos, a sanarnos y, finalmente, a mostrarnos lo mucho que nos ama al morir, en nuestro lugar, para salvarnos. Él no nos quita nuestra humanidad o nuestro sufrimiento, sino que entra en nuestra vida humana y la transforma a través de su divinidad en una forma de amor que conduce a la vida eterna.

Esta es la simple verdad de la Navidad. Una verdad que penetra a través de todas las dificultades de nuestro mundo moderno. En el principio, en el fin y en cada momento de nuestras vidas, Dios está con nosotros, Emmanuel. No hay ninguna parte de nuestra humanidad, especialmente la oscuridad de nuestros corazones, que no quiere entrar en la luz de su gracia. Él puede transformar el obscuro alboroto de mi vida cotidiana en algo divino si yo lo invito a nacer de nuevo, hoy, en mi humilde corazón humano.

Tags:

Category: Solamente Jesus