La catedral un oasis para todos los que buscan a Dios

| February 26, 2015

NienstedtBlMi presentación  a la Catedral de St. Paul llegó a través de una invitación de dos seminaristas. En el  2002, yo estaba sirviendo mi primer año como obispo de New Ulm. Mis dos seminaristas que estudiaban en el seminario de San Juan Vianney en St. Paul, me invitaron un domingo por la noche para asistir a un concierto que se celebra en la Catedral. Sugerí que cenáramos antes del evento y así lo hicimos. Sin embargo, se nos fue el tiempo con nuestra  conversación y cuando llegamos a la Catedral, sólo la fila de atrás estaba desocupada. Pero eso resultó ser una gran ventaja.

Cuando me senté, como recostado a la pared de atrás, pude disfrutar de la amplitud y profundidad de esta magnífica estructura. Mis ojos primero encontraron el gran baldaquino (estructura en forma de templo, con cuatro columnas que sostienen una cúpula) sobre el altar, luego la expansión del santuario, y la simetría perfecta de todos los detalles. Entonces miré a la cúpula, sólo para quedar profundamente impresionado con ese gran reflejo del sol y del cielo, sugiriendo la idea de que todo el mundo era bienvenido en el espacio debajo.

Los comentaristas creen que el arquitecto, E.L. Masqueray, quería dar a las personas sentadas en las bancas, la impresión de estar en un barco. De hecho, rodeando completamente la nave de la Catedral, se encuentra un borde de mármol tallado como un diseño de olas.

Una vez más, sentado en esa fila de atrás, me acordé de que la misión de la Iglesia es servir como un buque, llevando los bautizados a través de los mares enfurecidos de este mundo al último puerto del Reino de los Cielos. De hecho, al igual que la historia del Evangelio, Jesús está con nosotros en este barco, tal vez dormido en la popa, pero siempre a cargo, desafiándonos a que creamos en Él.

Pero mientras observaba esa noche, me di cuenta de que el hecho más significativo fue que esta estructura enorme, pero muy artística, estaba llena de católicos. ¡Qué hermosa vista!

Esto es lo que el Arzobispo Ireland tenía en mente cuando le encargó su construcción: un espacio de encuentro para el pueblo de Dios para que dirigiera su atención y devoción al Señor de la Vida. No tengo ninguna duda de que esto fue lo que hizo que este gran líder de la Iglesia  rompiera en llanto en la misa de apertura el domingo de Ramos, el 28 de marzo de 1915. Incluso en esa fecha, debe haber visto esta extraordinaria estructura eclesial alcanzar su potencial.

Mi siguiente experiencia significativa en esta gran catedral fue mi Misa de Recepción como Arzobispo Coadjutor. El edificio estaba lleno a toda su capacidad ese día, con familiares y amigos, clero, religiosos y líderes laicos que se reunieron para celebrar a quiénes éramos como comunidad en transición. Traté de hacer una analogía en mi homilía entre los ministerios de los Santos Pedro y Pablo, al del arzobispo Flynn y el mío. Mientras que ambos teníamos diferentes estilos administrativos y enfoques ministeriales, estábamos unidos en los fundamentos de la fe. La unidad de la Iglesia local fue una prioridad para los dos. Incluso hoy día, sigo convencido de esta gran verdad.

Durante los últimos siete años, la Catedral ha sido el escenario de algunas de mis experiencias más preciadas como Arzobispo: innumerables celebraciones del Sacramento de la Confirmación; la ordenación de diáconos permanentes, sacerdotes y dos Obispos auxiliares; la recepción de nuevos maestros y administradores de escuelas católicas al comienzo del nuevo año escolar; nuestra celebración de la vida el 22 de enero, seguida de una Marcha hacia el Capitolio; nuestras Procesiones del Rosario en mayo; las hermosas Misas Crísmales y las celebraciones de la Semana Santa, Pascua y Navidad; la celebración de los Religiosos Consagrados el 2 de febrero; la primera Conferencia de  hombres con un número desbordante de participantes; la celebración de las parejas casadas en la primavera; e incluso la petición ocasional para celebrar el sacramento del bautismo a los recién nacidos.

De hecho, la Catedral ha servido en estos últimos siete años como mi propia iglesia parroquial. Pero debido a las responsabilidades urgentes de mi oficina, no puedo estar presente a diario para manejar las preocupaciones pastorales, y por eso quiero reconocer y agradecer a los dos rectores que se han destacado en mi lugar estos últimos años, el Padre Joseph Johnson y el Padre John Ubel. Son hombres de gran celo pastoral e inmenso talento – y que han servido a la Catedral con gran dedicación y servicio incansable. Estoy muy agradecido a los dos.

Una experiencia final digna de mencionarla: En el 2011, me llegó una solicitud para que el evento sobre hielo del Red Bull Crashed Ice, se realizara en el frente de la Catedral. En consulta con el rector, decidí que el evento se realizara. Pero a medida que la pista se estaba construyendo, recibí una carta de queja  de una persona que pensaba que yo estaba faltándole al respeto a este espacio sagrado.

Le contesté diciéndole que las catedrales en Europa suelen utilizar sus plazas para los mercados, desfiles, incluso corridas de toros. El uso actual de Red Bull era apenas una anomalía cuando se consultó a la tradición de la Iglesia y de su historia. Aquí estábamos permitiendo que un evento secular utilizara el espacio delante de la Catedral como una forma de mostrar que la Iglesia estaba preocupada por la persona en su totalidad, el alma y el cuerpo. Lo que es más, la Catedral es una parte de una comunidad que se compone de los creyentes y los no creyentes. Nuestra previsión para el evento en los jardines de la catedral deja en claro que somos parte del barrio y parte del bien común que es nuestra comunidad política. A pesar de estas dificultades, me alegré de tener este evento, y estuve agradecido a la comunidad parroquial de la Catedral por su paciencia y por los sacrificios necesarios para que sucediera este evento.

Ese año, en la última noche del evento sobre hielo (Crashed Ice), deliberadamente caminé por el interior de la Catedral mientras que el concurso se estaba llevando a cabo afuera. Me quedé impresionado con la atmósfera de reverencia que encontré. Las personas estaban sentadas en  oración, caminando alrededor inspeccionando el detalle interior, leyendo los folletos que allí se ofrecen. Yo pensé: “¿No es esto lo que la Catedral está destinada a ser? ¿Un oasis de espacio sagrado abierto al discernimiento de creyentes y no creyentes que desean ser tocados por la presencia misteriosa de Dios?”

Como dijo el Arzobispo Ireland, con ocasión de la primera Misa en este edificio histórico: [Esto es] “… un gran templo  que de manera expresiva, simbolizará, lo que ningún esfuerzo aislado puede hacer, nuestra fe cristiana y el amor cristiano, y predicará al mundo de los hombres que nos rodean, la grandeza de esa fe, la sublime santidad de ese amor”.

Al comenzar este año de celebración en honor del centenario de nuestra magnífica Catedral de San Pablo, vamos a reafirmar la visión del arzobispo Ireland y de E.L.

Masqueray mediante la promoción y visualización de este hermoso edificio como un símbolo poderoso y perdurable de nuestra fe Católica, llegando a la sociedad que nos rodea con una invitación atractiva para experimentar la alegría, el consuelo y la grandeza de nuestra fe en Cristo. Que la belleza de esta Casa de Dios, que es también nuestra casa, sirva como un llamado a todas las naciones a creer en Aquel que ha plantado Su tienda entre nosotros.

¡Que Dios los bendiga!

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Category: Solamente Jesus

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