Esta Cuaresma, profundice su vida de oración con ‘lectio divina’

| March 12, 2015

NienstedtBlEsta Cuaresma, profundice su vida de oración con ‘lectio divina’ San Pablo le dice a los Efesios y a nosotros:

“Vivan en constante oración y súplica guiados por el Espíritu y para esto perseveren y oren con la mayor insistencia por todos los creyentes” (Efesios 6:18).

Al comienzo de la Cuaresma, escribí una columna en la que hablé de la interrelación de los tres elementos de nuestra devoción cuaresmal, la oración, el ayuno y la limosna. En esta columna, me gustaría centrarme en el aspecto de la oración como un componente esencial de nuestra observancia de la Cuaresma.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que “la oración es la vida del corazón nuevo. Debe animarnos en todo momento. “(No. 2697), pero para que se ore en todo momento, tenemos que apartar determinados momentos para una oración más centrada y profunda.

Es bueno tener oraciones formuladas que recitamos diariamente con cierta regularidad, como oraciones por la mañana y tarde, bendecir la mesa antes y después de las comidas, o la Liturgia de las Horas. La Eucaristía es la cumbre de la oración comunitaria de la Iglesia, expresada en el ciclo del año litúrgico y sus grandes fiestas. Al estar atento al significado de estas oraciones formuladas, podemos hacerlas nuestras.

Además, hay muchos enfoques diferentes a la oración reflejada en la variedad de espiritualidades en la Iglesia. Un método que personalmente he encontrado útil y que he recomendado es ‘la lectio divina.’ El formato es muy claro:

Primero, tomo un pasaje de la Escritura (cualquier pasaje está bien, ya que Dios puede usar cualquiera para comunicarse con nosotros) y lo leo en voz alta lenta  y deliberadamente con lo que San Benito llama “los oídos de mi corazón.” Al hacerlo, hago una nota mental de una palabra o frase que me habla.

Segundo, hago una pausa después de la primera lectura y vuelvo a leer el pasaje de la misma manera que antes, de nuevo señalando cualquier palabra o frase que me llama la atención. (Puede ser la misma palabra que antes o una diferente).

Tercero, hago una pausa y vuelvo a leer el pasaje de nuevo, permitiendo que la Palabra de Dios se hunda en mi corazón a través de esta repetición y reflexión.

Cuarto, tomo quince o veinte minutos para meditar sobre la palabra o frase que me impactó con mayor fuerza. Ahora, San Agustín compara la meditación a lo que hace una vaca cuando está masticando su bolo alimenticio. Ella muele la hierba con los dientes una y otra vez, y luego se lo traga en su primer estómago, la deja reposar y luego regurgita en su boca y mastica un poco más. (Esta comparación es bastante terrenal, pero ayuda a la imaginación.)

Mientras que medito, puede que me pregunte si la palabra o frase elegida tiene algo que ver con lo que podría estar sucediendo en mi vida. ¿Esta palabra o frase me está recordando de algo de debo de hacer o no hacer? ¿La palabra o frase inspiran un sentimiento dentro de mí? ¿Proporciona un consuelo? y, si es así, ¿Por qué?

Finalmente, después de meditar, escribo en mi diario cualquiera de los puntos de vista que he tenido. Estas ideas forman la base de la meditación, buscando cómo el Señor me quiere incorporar estas ideas en mi vida. La meditación me mueve a una mayor conversión del corazón mientras busco tanto más ardientemente hacer la voluntad de Dios.

Dado a que la meditación involucra el corazón, busca estar más cerca en una unión de amor a Dios, quien me amó primero.

He encontrado que la lectio divina es una oración que funciona bien. Creo que eso es así porque el Espíritu Santo, quien inspiró el pasaje bíblico original, sigue inspirando hasta el día de hoy. Si estoy realmente abierto a la búsqueda del Espíritu, estoy seguro de que Él puede y quiere hablar conmigo.

¡Dios los bendiga en su camino cuaresmal!

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Category: Solamente Jesus

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