Cuando la fe parece insuficiente, recuerda que Dios provee lo que necesitamos

| Father Charles Lachowitzer | October 13, 2016 | 0 Comments

A veces una línea de un Evangelio del domingo permanece en mi mente durante semanas. En primer lugar me predico a mí mismo, y sigo reflexionando sobre una de las peticiones más conocidas de los apóstoles de Jesús. En el primer domingo de octubre, escuchamos proclamar en el Evangelio de San Lucas, “Los apóstoles dijeron al Señor, ‘Auméntanos la fe’” (Lucas 17: 5).

A lo largo de mi vida y de mi sacerdocio, variaciones de esta petición dan resuenan en respuesta a los desafíos de vivir mi fe. Yo mismo lo he dicho y he escuchado a  tantos otros decir, “¡Si tan sólo tuviera más fe!”

Cuando Jesús les dijo a sus discípulos que si tenían fe del tamaño de un grano de mostaza, podrían arrancar de raíz un árbol y plantarlo en el mar, sólo hizo que mi fe parezca más pequeña. Ni siquiera puedo deshacerme de un arbusto. No obstante, la fe es un regalo de Dios.

Desde el momento de nuestra concepción, se nos da la capacidad de conocer y amar a Dios. Programado en nuestros cerebros no son sólo los “apetitos primitivos” — los deseos que nos llevan a los siete pecados capitales — sino también los “apetitos espirituales” — los deseos que nos llevan a las siete virtudes.

Podemos y debemos confrontar a las aflicciones de nuestro mundo. Podemos y debemos confrontar el pecado en nuestras propias vidas. Sin embargo, puede ser como el juego de “golpear al topo”, cuando después de golpear un pecado otro aparece en otro lugar. Podemos concentrarnos tanto en lo malo que perdemos el sentido de lo que es bueno.

Sólo hay cierto tiempo en un día y sólo un número finito de días. Cuanto más tiempo pasemos descubriendo lo que está bien y lo que se necesita para vivir una vida virtuosa, menos tiempo tenemos para dejar que el poder del pecado nos convenza de que vivimos en un mundo lleno de maldad con gente mala.

Todavía es un mundo bueno, y seguimos siendo buenas personas. Las bendiciones de Dios están a través de todas las cosas. La bondad todavía triunfa sobre el mal. La luz todavía hace desaparecer la oscuridad. Y la tragedia de cada Viernes Santo se transforma por la cruz de Jesucristo en la alegría de la Pascua.

Es bueno recordar que Dios nos ha dado toda la fe que necesitamos. En Jesucristo, Dios nos ha dado todo el amor que necesitamos. Y a través de la efusión del Espíritu Santo, tenemos toda la esperanza que necesitamos. Se nos ha dado la gracia de la vida sacramental de la Iglesia para llevar una vida de testimonio fiel del Evangelio de Jesucristo.

Dios entiende que muchos de nosotros pensamos que si algo es bueno, entonces más de lo mismo es mejor. Por lo tanto, ¿aumentar nuestra fe? Cada vez que pienso que necesito más fe, hago una pausa y le doy gracias a Dios por la fe que ya tengo, y oro por la gracia de reforzar mi creencia.

Oro para que con la fe, la esperanza y el amor, pueda tener la virtud de la fortaleza de ver qué es lo mejor en nuestro mundo y sacar lo mejor de los demás. Oro para que yo pueda tener la virtud de la templanza que es fundamental para la piedad y la compasión. Oro para que yo pueda tener la virtud de la justicia que es necesaria para hablar a favor y llegar a aquellos que no tienen voz y que están más necesitados. Oro por la virtud de la prudencia de conocer la voluntad de Dios en cada capítulo de mi vida y unidos a Jesucristo y a su Iglesia, vivir el Evangelio cada vez con más alegría.

En un mundo que parece sordo a los gritos de los pobres, ciegos a Dios y en silencio ante tantas injusticias, oremos para qué los dones de la fe, la esperanza y el amor de Dios puedan ser nuevamente despertados. Que podamos aumentar nuestra confianza en Dios de manera que creamos que en Jesucristo, el amor es más poderoso que el odio, la misericordia más grande que cualquier pecado y el don precioso de la vida mayor que el poder de la muerte misma.

La fe es un acto de Dios. La creencia es nuestra respuesta.

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